Multitarea no, gracias

No sé quién nos vendió la moto de que tener la capacidad de hacer muchas cosas a la vez es algo bueno. Está claro que para muchos, la multitarea está sobrevalorada.

-“Me encanta ir a pilates, porque  cierro los ojos y me pongo a pensar en mis cosas y es mi rato para mí. Es que si me pongo puedo hacer hasta la lista de la compra…”

Sí, mientras estamos en clase de pilates somos capaces de hacer mentalmente la lista de la compra, organizar la agenda del día siguiente en la oficina, repasar los planes del siguiente fin de semana y un larguísimo etcétera. De la clase de pilates ni nos enteramos, pero da igual. Salimos del gimnasio agotados (sobre todo mentalmente) y orgullosos de, además de haber hecho pilates, haber adelantado muchas tareas pendientes. ¡Si es que soy un crack! Nos falta decirnos.

Todo esto no deja de ser una gran ironía porque, por un lado nos sentimos como si tuviéramos  súper poderes, pero por otro lado nos quejamos de lo estresados que estamos porque nuestra mente no para de funcionar en todo el día. En los últimos años tenemos además un perverso facilitador de la multitarea: el móvil. El auge de las nuevas tecnologías sin duda  está contribuyendo mucho a que eso de “hacer mil cosas a la vez” sea mucho más sencillo.

El otro día, vi a tres amigas de unos 25 años en una cafetería  desayunando y charlando animadamente. Nada extraño salvo porque ninguna de ellas quitaba el ojo de su móvil. La que me daba la espalda saltaba de una red social a otra con una soltura pasmosa mientras comentaba con sus amigas algo de una fiesta a la que había ido. Las nuevas generaciones vienen muy preparadas, pensé. En la mía, todavía ponemos cara de desagrado y consideramos una falta de respeto cuando alguien mira el móvil (demasiado tiempo) mientras mantiene una conversación…pero en las nuevas generaciones, parece que no encontraremos a muchos que puedan tirar la primera piedra.

En fin, que lo de la multitarea va a peor porque cada vez se va normalizando más el uso del móvil como elemento anexo a nuestro cuerpo.

Y vuelvo a lo de la ironía, porque me parece que lo es.  Por un lado aplaudimos nuestra capacidad de “hacer mil cosas a la vez” ( y nos enorgullecemos de ser hijos de la transformación digital porque eso nos facilita mucho las cosas), pero por otro lado nos sentimos estresados,  y nos quejamos de no poder parar ni un minuto.

Y la verdad es que en muchos casos no podemos parar aunque queramos porque el móvil engancha. Ya hay miles de personas en terapia por ello. Porque el uso del móvil activa nuestro sistema de recompensa cerebral. Pone en marcha un circuito neuronal llamado “sistema dopaminérgico mesolímbico”, que favorece por medio de sensaciones placenteras los comportamientos adaptativos.

O sea que el móvil no sólo favorece la multitarea sino que además nos engancha a ella. Normal que vayamos al médico y cualquier afección que suframos sea consecuencia del estrés.

Hemos llegado a un punto en el que parece que hasta nos alivia el hecho de que el médico nos diga que tal o cual cosa es consecuencia de estrés. Mal de muchos….

-“Ah que esto que me pasa es por estrés, vaya… tendré que intentar relajarme un poco, claro…¡qué cosas tiene este médico! ¡Como si fuera tan fácil!”

Pocos médicos explican a los pacientes qué es el estrés y cómo combatirlo. La mayoría de la gente piensa que la batalla se libra bajando el ritmo de actividad física (dejar de hacer tantas cosas) pero en realidad tiene mucho más que ver con bajar el ritmo de actividad mental, es decir, dejar de pensar tantas cosas.

¿Y por qué pensar más que hacer? Pues es muy sencillo: porque los pensamientos, todos sin excepción, generan emociones. Las emociones son respuestas neurofisiológicas que tienen su manifestación en el cuerpo. Todas, absolutamente todas las emociones generan una determinada química cerebral. La amígdala, que actúa como un radar detectando emociones, activa diferentes sistemas neuroendocrinos. Nuestro organismo libera hormonas.

Si un día no vamos al trabajo, pero estamos todo el tiempo pensando en el trabajo y preocupados por asuntos del trabajo, de nada sirve habernos quedado en casa, porque el nivel de estrés será el mismo. Tampoco sirve de mucho irnos a dar un masaje relajante si durante ese rato estamos pensando en cosas que nos preocupan, haciendo la lista de la compra, el menú de la semana, planificando tareas, organizando la agenda laboral, etc…Si esos pensamientos son preocupaciones o problemas (suele ser así) nos provocarán emociones como miedo, ansiedad, angustia, etc..

Cuando sentimos estas emociones, tan primitivas como el miedo, nuestro cerebro activa una glándula que libera cortisol, la hormona del estrés. Es la hormona que pone nuestro cuerpo en estado de alerta, en modo huida. El miedo es una emoción adaptativa que primitivamente el ser humano sentía precisamente para poder salir corriendo de cualquier peligro que le acechara.

El modo huida está bien para salir corriendo de una amenaza, pero tiene una pega: mientras estamos ahí, nuestro sistema inmunitario no funciona porque lógicamente nuestro cerebro prioriza otras tareas más enfocadas en nuestra supervivencia. Consecuencia: tenemos muchas más posibilidades de enfermar.

Muchos de nosotros pasamos gran parte de nuestra vida en modo huida, porque vivimos permanentemente preocupados (el móvil nos ayuda a llevar siempre muy cerquita las preocupaciones y a generar una enorme carga mental). El modo huida se cronifica. Nuestro organismo libera un exceso de cortisol. Nuestro sistema inmunitario funciona a medio gas. Nos ponemos enfermos con más facilidad. En fin, que mi conclusión es la siguiente: sí, efectivamente la multitarea está sobrevalorada…y nuestra salud bien vale que aprendamos a centrarnos en una sola cosa.

 

Aldara Martitegui

 

 

 

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